Ir al contenido principal

El difícil tema del aborto

Estoy a favor del aborto en las primeras semanas, pues creo que hay situaciones muy específicas en las que es necesario. Sin embargo, aún yo entiendo que es un tema muy difícil, muy controversial. No sé si sea un derecho de la mujer o de la mujer y el hombre que procrean. No sé si sea un derecho siquiera. Siento que más que un derecho, es un permiso que nos tenemos que otorgar. Pensando en que ni siquiera se nos permite quitarnos la vida, que la eutanasia es ilegal, la definición legal del aborto no es obvia, más cuando estamos decidiendo por quien pudiera un día llegar a ser una persona más...
Ojalá y conozca el día en que lleguemos a un buen acuerdo que ofenda poco o nada. En lo ideal el aborto no debería existir, pero en la realidad existe y en lugar de hacerlo más complicado deberíamos enfrentarlo con educación y responsabilidad. Repito, no sé si en vez de ser un derecho que exigimos, sea una concesión, un permiso, una excepción que la humanidad se permite a sí misma, difícil, muy difícil, para un bien mayor, pues no sólo estamos decidiendo sobre quién soy y cuáles son mis derechos, sino por el otro, por quien pudo ser y no me parece correcto invalidar el punto de vista de los pro vida solo porque decimos que es nuestra vida y que es nuestro cuerpo.
Un verdadero problema.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Se vuelve infinita

  Cuando era pequeño mi madre me llevaba de hospital en hospital buscando un nombre para mis constantes dolores de cabeza. Recuerdo el olor a medicina y pisos mal trapeados; a humedad. Ahí siempre había niños con hidrocefalia. Sus cráneos inflamados reflejaban una visión distorsionada de mi propio mal; como si mi cuerpo entero perdiera valor con cada visita; y ahora soy yo quien la espera en un pasillo muy blanco y lleno de voces, en espera de una noticia que no deseo escuchar. Observo los rostros a mi alrededor: algunos ríen con esperanza, otros lloran en desconsuelo. Llegamos aquí desde orígenes distintos, pero por un instante convergemos en este nudo que oprime el tiempo entre partos, consultas de rutina y una angustia trágica. Yo solo deseo saber si mi madre sobrevivirá la noche. Hoy es lunes y mi madre está muriendo. Está perdiendo sangre. Los doctores le piden cuatro días para estabilizarla. Su corazón se debilita a cada segundo y la única esperanza es una cirugía que no ...

Mientras respire

               Es un día tranquilo. Un domingo más en el que no pasa nada. O eso me digo. Hay algo en la forma en que despierto que no se siente como empezar. No es lunes y hace mucho tiempo que no es sábado. Es esto. Siempre esto. La misma luz que baña la sala, el mismo silencio que les precede, las mismas ganas de hacer algo distinto que no pasará. Todo vuelve. Yo no. Mi esposa y mi hija siguen dormidas. Yo suelo despertar a las siete. A las ocho me urge ponerme en pie. Ahora estoy en mi lugar favorito. Le pedí permiso a mi esposa para instalarme en un rincón de la casa. Frente a la TV y los juegos de mi niña. Para tener un lugar propio donde estar cuando nada más sucede. Como ahora. Quisiera despertarlas. Invitarlas a salir. Ir a Altata. A Mazatlán. Pero sé que Carolina dirá que no. Me hizo prometer que el domingo no haríamos nada. Solo descansar. Lavar un poco. Quisiera que mi madre estuviera aquí. En la vida. En este plano. Ahora ...

Entre las rendijas del tiempo

Después de una terrible inundación que había devastado su colonia, Carolina y Alberto buscaron refugio en la casa de los abuelos. La enorme casa de la familia estaba vacía desde que los hijos y los hijos de los hijos se fueron y los muertos ocuparon su lugar entre sus ancestros, y solo unos cuartos en medio del jardín servían su propósito. Los abuelos los recibieron con gusto, más aún porque con ellos iba Emma, una hermosa niña de cabellos ensortijados y mirada despierta que desde el primer día se echó a andar por todos los rincones de la casa. Emma era curiosa y valiente. Le gustaba andar por los pasillos largos, por las escaleras que crujían bajo su peso, pisando suavemente sobre la punta de sus pies, abriendo puertas y cajones, siempre acompañada de sus padres o con el abuelo, que parecía no conocer el cansancio, y pronto no quedó rincón alguno que no conociera, o al menos, eso creían hasta aquel día en que la niña, siguiendo una pista invisible, entró en el viejo estudio. Su ...