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Mostrando entradas de junio, 2025

Descansa en paz

  Cuando somos niños solemos pensar que todos morimos de viejitos, después de una vida plena, llena de alegrías, en la que una bola de niños con nombres que nunca habíamos oído corren hasta nuestro regazo para llamarnos sus abuelitos con un beso muy bien merecido. Luego creces y entiendes que algunas personas se van antes de tiempo, porque así es la vida, porque el señor obra en formas misteriosas. Pero no tú, al menos, no lo planeas, no lo incluyes en tu futuro, no marcas los días hasta una fecha específica, y llenarías mil calendarios de infinidad de compromisos porque siempre creemos que va a haber un día más, que siempre habrá un mañana y nunca lo hemos de alcanzar. Luego la vida te golpea. Se van unos y otros, y hasta aquel que jamás pensaste que un día no habría de estar. Y aunque la muerte siempre ha estado cerca y está en el futuro de todos, no contabas con ello, no lo habías planeado, y tenemos que improvisar una muy corta despedida y una muy muy lenta forma de sanar. De a...

Feliz día del niño

  Cuando era niño siempre supe que iba a crecer, que un día iba a dejar todo atrás para convertirme en adulto. Esto primero significaba cursar el sexto año de primaria, luego lograr el ansiado salto a secundaria, después pensé que iba a suceder en la preparatoria y cuando no sucedió, pensé que seguro iba a ser en profesional. Pasaron los años y se hizo obvio que trabajando se lograba, que solo después de años de vida laboral y un sinfín de responsabilidades más tenía que llegar. Hoy me he convertido en adulto y nadie lo dudaría; tengo arrugas, achaques y anécdotas que lo pueden corroborar... Y sin embargo algo en mí no ha cambiado nunca y siempre se pregunta cuándo nos llega el momento de cambiar, de al fin madurar. Quizá llegue cuando me case o cuando tenga mis hijos, en el momento en que se marchen a la universidad. Será acaso cuando me jubile y satisfecho con mi vida empiece a pensar en el más allá. Será que madurar no es otra cosa que aprender a jugar el juego de cuando é...

Camila

       Tenemos una vecinita de dos años, Camila se llama, quien a diario muere por salir a pasearse en el parque y relacionarse con las personas y con los perritos de la colonia. "Muchacho" nos grita, "Muchacha", "niño", "Backy" (Blackie), "Fibi", "Coco", "Tellita" (Estrellita). A diario quiere pasear a Phoebe y a jalones la lleva por la ruta que ella quiere seguir, siempre con la supervisión a la distancia de su madre. Platico un poco con ella, más que nada confirmaciones de sus avistamientos en la distancia: un carro, una persona, la Tellita, el Backy. Diario caminamos uno a un lado del otro y me divierte que cada vez que le hablo a mis perritas o las regaño les digo "mi amor", y Camila, caminando a mi lado, en todas y cada una de esas veces, cree que le estoy diciendo a ella y se pregunta, y me pregunta, qué es lo que quiero y para qué le llamo la atención tan a menudo.

No recuerdo la primera vez

              No recuerdo la primera vez, pero recuerdo una vez. Estabas perfecta en tu vestido de noche y yo que no podía creer que la voz que escuchaba era la tuya. Me decías algo acerca de tu disfraz de Halloween y cuando al fin entendí que estabas hablando conmigo, supe sin duda de tu inmensa pasión por las cosas. Debió ser épico, pensé, tenía que serlo ahora que imaginaba que todo en tu vida iba guiado por la misma fuerza con que sostenías tu mirada en la mía; eras sin duda divina, pero yo era distinto en aquel entonces, más callado y torpe, y cuando quise decir algo, perdimos el hilo y la charla se detuvo para después.             Me sucede a menudo, pensé, pero no tenía que sucederme contigo, no ahora que el universo me decía que no eras cosa qué olvidar. Tomó tiempo descifrarte. Compartíamos momentos y algunas filosofías y yo me entretenía viendo cómo se arremo...

Cómo no la voy a amar

  Lo vi venir desde que volteó para decirme algo de unos perros. No la escuché bien. Yo venía concentrado en la pila de arena y grava que estaba más adelante. Era una duna como de unos treinta metros a lo largo de la carretera, pegada a la guarnición. Entonces, justo antes de llegar a ella, que voltea la cabeza hacia atrás y me dice lo que me dijo. Yo sé que aún le cuesta voltear así, que pierde un poco el equilibrio y por eso pensé que era el peor momento para hacerlo. Cuando regresó la mirada hacia adelante, ya se hundía la llanta delantera en esa trampa. Zigzagueó por un instante y tuve una pequeña esperanza, recuperó el control, pero luego llegó a la parte más pesada del obstáculo y el manubrio se le volteó para la izquierda. Solo vi que empezó a caer lentamente, dobló la pierna y clavó la rodilla izquierda en el pavimento. Con eso tenía para asustarme, pero su cuerpo siguió con la inercia y salió disparado hacia adelante, pues la bicicleta se había atascado detrás. Cayó de bru...

La Chaparra

  Un día mi esposa vio a una perrita moribunda en la calle y decidió ayudarla. La subió al auto, la llevó a la veterinaria y se encargó de todos los gastos. La perrita estaba en sus huesos, deprimida y sucia, pero poco a poco fue mejorando. Con el tiempo ganó peso y nos sentimos optimistas. Sin embargo, un día decayó de nuevo por más esfuerzos que hicimos con estudios, intervenciones y medicamentos. Hoy la chaparrita murió. La verdad es que pudo haber muerto en el olvido hace cuatro meses pero gracias a mi esposa, a sus padres, mis suegros y algunos de ustedes, esa perrita sobrevivió por un tiempo pero aún mejor: Conoció el amor. La cuidamos, la mimamos, la abrazamos, la dejamos hacer todas esas cosas que hacen nuestros otros perritos y creemos que eso la hizo feliz. Quizá cuatro meses de amor después de una vida de rechazo no parezca nada, pero para nosotros significó el mundo y con suerte para ella también. Seguro ya tenemos alguien más que nos espera con ansias en el cielo...

El Forín

  Voy de regreso a casa desde los rumbos de Jotagua cuando veo que poco a poco me alcanzan un par de ciclistas. Hay muchos de esos por aquí, pero estos son de los serios porque vienen mucho más descansados y más equipados que yo. No batallan mucho para rebasarme y al pasar, uno de ellos, el de la bicicleta más cara que mi auto, se me queda viendo y luego sorprendido vuelve a voltear. Avanza unos metros más y convencido de una duda, ve de nuevo hacia atrás. Entonces baja la velocidad, se empareja a mi paso y me pregunta: "¿Eres o te pareces?" Yo, acostumbrado a estos encuentros de rancherías y caminos viejos, le contesto ya sin oxígeno en el cerebro que no soy. Y es que la verdad nunca soy, nunca he sido. Será que un ciclista muy famoso anda por ahí, cargando con mi apariencia, confundiendo a todo mundo sobre si es uno o es el otro. Luego, sin quitar el dedo del renglón, me pregunta: "¿Cómo te llamas?". Me cala el sudor en los ojos y sin muchos ánimos de levantar la ...

Conocí a Phoebe

  Conocí a Phoebe en uno de los mejores momentos de mi vida y aunque en retrospectiva me parece increíble, todavía faltaba lo mejor. Con ella visitaba las Riberas casi a diario, llenaba Youtube e Instagram de fotos y videos de sus aventuras, aprendía mimos y juegos nuevos y pronto ya dormíamos uno pegado al otro en nuestra cama. Fue ella la que nos hizo querer más perritos y cuando otros llegaron a la casa (muy a pesar de su inicial egoísmo), aprendió a convivir e incluso se encargó de educarlos con el ejemplo. Era un amor y aunque tenía su temperamento, bastaba con una caricia, un premio, un rato de tu atención, para tenerla feliz. En el mundo existen una infinidad de perros, todos con su carácter, su personalidad, todos con sus costumbres y manías, todos con la capacidad de amar de una manera que no tiene comparación y perdónenme por este cliché, pero estoy convencido de que son unos angelitos sin alas que el Señor nos ha enviado con el único propósito de hacernos compañía, de ...

Un poco de gris

  En un pintoresco pueblito lleno de vivos colores y voces estrepitosas vivía un hombre llamado Humberto Gris. Humberto vivía en una casa gris muy al fondo de la avenida Arcoíris. Su auto era gris, su ropa era gris, incluso su pequeña perrita Caliza, era de un suave gris platinado. Sus muebles eran grises, sus cortinas, platos, toallas, todo era gris, e incluso su piel era del color de la penumbra que lo cubre todo justo antes de llover. Para la gente más colorida, el señor Gris era extraño, pues mientras ellos vestían de manera estridente con trajes rojos, vestidos naranja, sombreros escandalosos, bufandas chillonas o pintaban sus casas como auténticas cajitas llenas de dulces, hablaban siempre con signos de exclamación, gritaban, se reían a carcajadas -no por descortesía, sino porque así sentían la vida y hacerlo así los llenaba de alegría-, el señor Gris sonreía con calma, asentía con la cabeza cuando se encontraba con alguien en el supermercado o saludaba con una mano en el...

14 de febrero de 2017

  Carolina:   Nunca fue acerca de los regalos, ni siquiera de los besos y las caricias, ni mucho menos de estar en una relación. Verte era suficiente, verte sonreír, sentirte cerca; buscar una nueva forma de amar, un nuevo nombre para el amor, sin promesas, ni definiciones o destinos y solo compartir el silencio, sentir nuestros ecos vibrar junto al otro. Una historia sin argumento que pudiéramos idear juntos, a cualquier hora y en todo lugar. Ni siquiera sé si se trataba de ti o de mí, pudieran ser otros, en otra ciudad, en otra época y enamorarnos era solo el idioma común que hablábamos, ese de nuestros abuelos y sus abuelos antes, que un día no pudieron dejar de verse a través de algún concurrido salón de antaño, improvisando un lenguaje propio que solo juntos habrían de usar.                                 ...