Cuando somos niños solemos pensar que todos morimos de viejitos, después de una vida plena, llena de alegrías, en la que una bola de niños con nombres que nunca habíamos oído corren hasta nuestro regazo para llamarnos sus abuelitos con un beso muy bien merecido. Luego creces y entiendes que algunas personas se van antes de tiempo, porque así es la vida, porque el señor obra en formas misteriosas. Pero no tú, al menos, no lo planeas, no lo incluyes en tu futuro, no marcas los días hasta una fecha específica, y llenarías mil calendarios de infinidad de compromisos porque siempre creemos que va a haber un día más, que siempre habrá un mañana y nunca lo hemos de alcanzar. Luego la vida te golpea. Se van unos y otros, y hasta aquel que jamás pensaste que un día no habría de estar. Y aunque la muerte siempre ha estado cerca y está en el futuro de todos, no contabas con ello, no lo habías planeado, y tenemos que improvisar una muy corta despedida y una muy muy lenta forma de sanar. De a...
Ideas de un adulto promedio.