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Los números de AMLO

Varias veces me he quejado en mi perfil de Facebook (sí, soy el derechairo que todos mis amigos odian) que AMLO maquilla las estadísticas oficiales. Ya en el primer mes de su reinado (perdón, se me salió) lo acusaban de tener un diciembre más violento que Peña Nieto. Acusaciones que fácilmente pudiera haber desechado alegando que eso solo es reflejo de lo provocado por la ineptitud del anterior sexenio y tendría razón. Hasta ahora solo podemos culparlo por las consecuencias directas de sus decisiones, no por el Status Quo de la sociedad mexicana a su llegada. Sin embargo, dolido por las acusaciones, decidió demostrarnos que no era así. Que el crimen había disminuido. Para lograrlo, recurrió a una triquiñuela que cualquiera con un poquito de sentido común detectaría: En vez de usar las estadísticas de las instituciones que todos los presidentes anteriores a él utilizaban, buscó otras, unas más a modo, y les restó los crímenes necesarios, dividiendo los crímenes en categorías que no existían. Así, con la mano en la cintura, presentó un número menor al del último diciembre de Peña. Supongo que después de eso fue al espejo más cercano, se lanzó esa sonrisa cautivadora que presume, y se felicitó por el gran trabajo. Su presencia misma había reducido el crimen.

Lo ha vuelto a hacer desde entonces. Y preocupa que lo haga con tanta desfachatez, como tantas cosas. El gobierno federal quitó de los asesinatos aquellos de las mujeres y publicó el número resultante: solo hombres. Ése fue nuestro promedio resultante de asesinatos del mes. Una vez más, menor al mismo mes del año pasado. Las cifras oficiales que usaba Peña (y todos antes de él) las sigue publicando el SESNSP, Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, y si medimos con esas estadísticas, todo sigue igual o peor en algunos rubros. En fin.

Lo que me preocupa no es hacerlo ver como inepto, eso lo hace él solito, lo que me preocupa es que maquillando números solo menosprecia la importancia de comunicar la verdad exacta, la verdad más universal, no la que más le convenga, sino el número real que hay que combatir para encontrar las soluciones adecuadas a este gran problema. Echarse flores, quedar bien ante su pueblo, no detiene ningún asesinato siento decir, porque alguien tiene que decírselo.

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