Hace
poco trascendió la noticia de que el grupo Me Too Músicos Mexicanos publicó una
acusación de abuso de parte de un integrante de Botellita de Jerez. El señor se
suicidó y creció la polémica.
El
integrante del grupo lo dijo antes de suicidarse: qué bien que demandan, es su
derecho hacerlo, tener voz, buscar ayuda, buscar justicia y no debe
responsabilizarse a nadie de mi muerte. Él se dijo inocente.
Tiene
razón, el grupo no es culpable de su muerte, pero sí es culpable de algo: La
acusación fue anónima. Y aún cuando entiendo que probablemente es anónima
porque nunca falta quien ataque a la acusadora, quien la estigmatice y la
ofenda o persiga, eso no hace que el anonimato sea justo.
Si
fuéramos justos, ella acusaría de manera formal, con una denuncia, y él sería
inocente hasta ser probado lo contrario. En un mundo justo deberíamos esperar
la sentencia del juicio y respetarla. En un mundo justo, una acusación no
debería ser anónima por miedo. En un mundo justo, no habría muerto nadie si
como alegaba el músico, era inocente. Pero con los años hemos visto y sabemos
bien que en el mundo actual una simple acusación lo cambia todo y ninguna de
ambas vidas merece ser destruida solo por una confesión.
Lamentablemente
estamos lejos de ser un mundo justo en muchos aspectos. Muy lejos.
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