No, enseñarte matemáticas aunque no te gusten no es frustrar tus sueños, no, ni biología, ni español, ni informática, ni inglés. Las escuelas tienen la obligación de enseñarte una amplia gama de conocimientos básicos precisamente para que al llegar a los dieciocho años tengas una idea más clara, informada, con argumentos, con experiencia en lo que te gustaría estudiar, en eso a lo que te gustaría dedicarte por el resto de tus días.
Calificarte también es importante, porque te enseña cuáles cosas se te dan y cuáles no, además de que también refleja en cierto grado la capacidad de tus maestros.
"Oye, pero, ¿es que por qué me van a reprobar si no me gustan las matemáticas?" Porque en la escuela también se enseña disciplina, ética y dedicación. Porque en la vida te vas a encontrar con infinidad de escenarios donde no te gusta lo que tienes que hacer y aún así debes hacerlo, a veces incluso ser excelente en ello, porque eso genera beneficios para ti y la sociedad.
Es bueno tener pasiones y seguirlas durante toda nuestra vida, pero habría que aceptar que es raro quien desde niño ya sabe qué quiere ser cuando sea grande. En caso de que se descubriera una pasión podríamos hacer uso de las actividades extracurriculares, las cuales impulsan y alimentan ese gusto propio. Para eso también está el criterio de los maestros, que pueden entender las cualidades de sus alumnos en mayor o menor medida. Pero no podemos esperar que a un niño al que le gusta bailar desde chiquito no se le enseñen matemáticas, biología y demás y se le evalúe en el proceso porque no las va a usar. Ese niño bien podría cambiar de opinión al crecer o enamorarse de otra de las muchas áreas de estudio, o, podría no desarrollar la disciplina, la ética, la dedicación que se requiere para lograr las cosas, aún cuando en ocasiones no nos gustan.
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