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Si no fuera por...


Si no fuera por las arrugas hace mucho tiempo que habría dejado de envejecer. Si no fuera por una que otra cana y un dolor de espalda crónico al despertar o por los huesos que truenan al intentar correr o ponerlos en posiciones que antes me eran habituales. Si no fuera porque ahora me duermo temprano y no me quiero levantar pero lo hago siempre puntual para irme al trabajo, o porque estoy endeudado hasta el cuello con cosas que de hecho me sirven para vivir más cómodamente y no sólo obedecen a las órdenes de mis entrañas o porque ahora los jóvenes en sus veintes me dicen señor y las muchachas que me cierran el ojo suelen tener igual número de hijos que de divorcios o porque mi sobrino se sorprende cuando descubre que de hecho sí sé jugar videojuegos tan bien o mejor que él y que mi Afore tiene más dinero del que debo en el banco. Si no fuera porque ahora tengo pocos amigos y hablamos de cosas que sucedieron hace veinte años como si fueran de ayer o porque me he enamorado más veces que chavita de secundaria y que cada una de esas veces tienen un aroma distinto y han dejado algo verdaderamente palpable en mi vida o porque las enfermedades aparecen sin previo aviso y sin necesidad de haberme excedido en algo que yo recuerde y debo ir a chequeos regulares con el doctor; si no fuera porque ya tengo más anécdotas que pendientes y más sonrisas que dramas fatalistas… si no fuera por eso, yo seguiría siendo el mismo joven rozagante de siempre que todas las mañanas veo en el espejo.

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