Todos los días veo una araña.
Todos los días frente a la casa, apurada, teje y teje, una telaraña más.
Todos
los días desde hace un tiempo, pues el jardín ha crecido tanto que sobra el espacio
para trabajar.
Apurada teje y teje y de la puerta hasta la ventana, cruza el
camino que va a la calle; el de ida y vuelta que a diario cruzamos para
marcharnos y al harto cansarnos, regresar.
Imagino que tiene prisa, le apura el
hambre, le apura el tiempo, y por las noches, teje que teje, hasta que el día
se empieza a asomar;
así es que hace mientras dormimos, siempre, sin falta, y
vuelve a empezar.
Y es que no supe de otra manera, no hay, no existe, se me
hace tarde, se acaba el tiempo, y el jefe grita si no he de llegar;
no hay otra
forma, no hay otra ruta, sólo una entrada y ninguna más.
Todos los días al
salir de casa quedo atrapado en su telaraña, y la pobre araña, siempre sin
falta, cuando dormimos, se va a trabajar.
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