Cuando somos niños solemos pensar
que todos morimos de viejitos, después de una vida plena, llena de alegrías, en
la que una bola de niños con nombres que nunca habíamos oído corren hasta
nuestro regazo para llamarnos sus abuelitos con un beso muy bien merecido.
Luego creces y entiendes que algunas personas se van antes de tiempo, porque
así es la vida, porque el señor obra en formas misteriosas. Pero no tú, al
menos, no lo planeas, no lo incluyes en tu futuro, no marcas los días hasta una
fecha específica, y llenarías mil calendarios de infinidad de compromisos
porque siempre creemos que va a haber un día más, que siempre habrá un mañana y
nunca lo hemos de alcanzar. Luego la vida te golpea. Se van unos y otros, y
hasta aquel que jamás pensaste que un día no habría de estar. Y aunque la
muerte siempre ha estado cerca y está en el futuro de todos, no contabas con
ello, no lo habías planeado, y tenemos que improvisar una muy corta despedida y
una muy muy lenta forma de sanar. De aprender a vivir sabiendo aquello que ya
sabíamos pero que nunca quisimos imaginar. Duele, duele más que todo, y no hay
libros, no hay palabras, no hay cursos que uno pueda tomar para estar
preparado, no hay atajos ni personas que puedan relevarnos en ese dolor. Es una
experiencia muy íntima, muy personal, y solo nos queda apoyarnos en la
fortaleza y alegría de otros. Tomar un poco de su valor, un poco de su rutina y
aferrarnos a la idea de que un día la tristeza será menos y el recuerdo de
aquellos que tanto amamos, que tanto extrañamos, poco a poco dejará de doler
como el primer día. Que es posible volver a sonreír cuando evocamos su nombre,
cuando estamos a solas o cuando juntamos a esa gente que más lo quería para
jugar a recordar.
Hoy no hay palabras, solo tristeza y
dolor, y podemos vivirlos sin tapujos, sin juicios, como juntos existan, como
se quieran sentir, sin perder nunca de vista que se puede volver a sonreír, que
se puede ser feliz a pesar de todo y lo único que necesitamos es un poco de fe,
un poco de amor y un poco de tiempo; pues no importa por cuánto estemos todos
aquí, siempre será un día menos de los que quisiéramos haber vivido y solo por
eso es que vale la pena seguir.
Descansa en paz, primo.
Comentarios
Publicar un comentario