Cuando era niño siempre supe que iba a crecer, que
un día iba a dejar todo atrás para convertirme en adulto. Esto primero
significaba cursar el sexto año de primaria, luego lograr el ansiado salto a
secundaria, después pensé que iba a suceder en la preparatoria y cuando no
sucedió, pensé que seguro iba a ser en profesional. Pasaron los años y se hizo
obvio que trabajando se lograba, que solo después de años de vida laboral y un
sinfín de responsabilidades más tenía que llegar.
Hoy me he convertido en adulto y nadie lo dudaría;
tengo arrugas, achaques y anécdotas que lo pueden corroborar... Y sin embargo
algo en mí no ha cambiado nunca y siempre se pregunta cuándo nos llega el
momento de cambiar, de al fin madurar.
Quizá llegue cuando me case o cuando tenga mis
hijos, en el momento en que se marchen a la universidad. Será acaso cuando me
jubile y satisfecho con mi vida empiece a pensar en el más allá.
Será que madurar no es otra cosa que aprender a
jugar el juego de cuando éramos niños. Quizá es que seguimos siendo unos niños
jugando en la casa de la abuelita a que somos grandes y sabios y que la vida
adulta se alcanza entre despertar ansiosos de encontrar una nueva aventura y la
puesta del sol... Cuando la cena está lista y con un grito nos llama mamá.
Feliz día del niño a todos.
Comentarios
Publicar un comentario