Un día mi esposa vio a una perrita
moribunda en la calle y decidió ayudarla. La subió al auto, la llevó a la
veterinaria y se encargó de todos los gastos. La perrita estaba en sus huesos,
deprimida y sucia, pero poco a poco fue mejorando. Con el tiempo ganó peso y
nos sentimos optimistas. Sin embargo, un día decayó de nuevo por más esfuerzos
que hicimos con estudios, intervenciones y medicamentos.
Hoy la chaparrita murió.
La verdad es que pudo haber muerto en
el olvido hace cuatro meses pero gracias a mi esposa, a sus padres, mis suegros
y algunos de ustedes, esa perrita sobrevivió por un tiempo pero aún mejor:
Conoció el amor. La cuidamos, la mimamos, la abrazamos, la dejamos hacer todas
esas cosas que hacen nuestros otros perritos y creemos que eso la hizo feliz.
Quizá cuatro meses de amor después de
una vida de rechazo no parezca nada, pero para nosotros significó el mundo y
con suerte para ella también. Seguro ya tenemos alguien más que nos espera con
ansias en el cielo y nada más por eso valió la pena, lo valió todo solo por
sentir que tenemos ese angelito en el hombro y por la esperanza de un día
volverla a ver.
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