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Te extraño, mamá

Te extraño en el desayuno porque siempre me dabas mil opciones  y al final preparabas mi favorita;  porque ese omelette con verduras era una maravilla que no te cansabas de compartir.   Te extraño cuando me voy a trabajar porque me enseñaste tu manera de andar por el mundo de cumplir sin quejarse, de hacer bien las cosas aunque nadie nos vea, de buscar ser siempre un poco mejor.   Te extraño cuando vuelvo a casa, porque antes bastaba una llamada, una simple pregunta de: “¿estás en casa?”, y ya sabías que iría a verte, y empezabas a planear junto a mí el resto de tu día.   Te extraño en la comida porque sentarnos juntos a la mesa era sagrado, aunque estuviéramos lejos, aunque fuera difícil, porque era tu forma de decir: estamos juntos, seguimos aquí, porque somos familia.   Te extraño en las tardes con mi esposa porque contigo aprendí a ser quien soy, con mis virtudes y mis defectos, porque aunque en ocasiones me equivoco, tú siempre me amabas igual.  ...

Entre las rendijas del tiempo

Después de una terrible inundación que había devastado su colonia, Carolina y Alberto buscaron refugio en la casa de los abuelos. La enorme casa de la familia estaba vacía desde que los hijos y los hijos de los hijos se fueron y los muertos ocuparon su lugar entre sus ancestros, y solo unos cuartos en medio del jardín servían su propósito. Los abuelos los recibieron con gusto, más aún porque con ellos iba Emma, una hermosa niña de cabellos ensortijados y mirada despierta que desde el primer día se echó a andar por todos los rincones de la casa. Emma era curiosa y valiente. Le gustaba andar por los pasillos largos, por las escaleras que crujían bajo su peso, pisando suavemente sobre la punta de sus pies, abriendo puertas y cajones, siempre acompañada de sus padres o con el abuelo, que parecía no conocer el cansancio, y pronto no quedó rincón alguno que no conociera, o al menos, eso creían hasta aquel día en que la niña, siguiendo una pista invisible, entró en el viejo estudio. Su ...

Donde está mamá

Ya saben que desde que nací tengo pesadillas y que la enorme mayoría de ellas son recurrentes. De entre ellas, la más común, por mucho, es querer volver a casa y no poder por alguna razón. Ahora, la casa puede ser la de mi abuela materna, la de mi abuela paterna, la casa en la Campiña, en Barrancos o la de Floresta; todos lugares en los que hemos vivido por una u otra razón. Esto durante 45 años ininterrumpidos... Y sin embargo, fue apenas ahora que descubrí cuál era el lugar al que siempre iba todo este tiempo, por qué unas noches era uno y otras noches otro, sin distinción, y es que solo hasta anoche entendí que casa significa: donde está mamá. Te extraño mucho, mi madre hermosa Elia Ramirez Zepeda siempre, toda la vida♥️

Se vuelve infinita

  Cuando era pequeño mi madre me llevaba de hospital en hospital buscando un nombre para mis constantes dolores de cabeza. Recuerdo el olor a medicina y pisos mal trapeados; a humedad. Ahí siempre había niños con hidrocefalia. Sus cráneos inflamados reflejaban una visión distorsionada de mi propio mal; como si mi cuerpo entero perdiera valor con cada visita; y ahora soy yo quien la espera en un pasillo muy blanco y lleno de voces, en espera de una noticia que no deseo escuchar. Observo los rostros a mi alrededor: algunos ríen con esperanza, otros lloran en desconsuelo. Llegamos aquí desde orígenes distintos, pero por un instante convergemos en este nudo que oprime el tiempo entre partos, consultas de rutina y una angustia trágica. Yo solo deseo saber si mi madre sobrevivirá la noche. Hoy es lunes y mi madre está muriendo. Está perdiendo sangre. Los doctores le piden cuatro días para estabilizarla. Su corazón se debilita a cada segundo y la única esperanza es una cirugía que no ...

Hasta siempre, mamá

Esta noche no puedo dormir, mamá. Es la primera vez que me voy a la cama sin sentir que me cuidas el sueño, aunque estemos lejos, velándolo con tu amor inagotable, ese amor que no distinguía entre tu sangre o los amigos, porque para ti, familia era todo aquello que hacía latir tu corazón. Jamás imaginé que estos días serían los últimos en que te vería sonreír. Estabas tan viva, tan entera, tan dispuesta a llegar a los cien años, que cuando propusiste que Emma durmiera en tu casa este miércoles me pareció un hermoso gesto más de los miles que regalas desde que eres abuela. Esa tarde, como acostumbras, cocinaste para Carolina, para Emma y para mí, y lo extraordinario del encuentro fue precisamente la rutina: simplemente estar juntos con la firme convicción de que ninguno de nosotros deseaba estar en otro lugar. Esa noche nos despediste como siempre, desde la banqueta de tu casa, con una mano en lo alto, con la certeza tranquila de que habría un mañana. Y luego empezaron a llegar las ...

Sofía

  Al principio era solo una sombra pequeña que nos seguía por el parque. Una linda cachorra beige de patas grandes y lengua rápida con un hermoso collar turquesa; un buen indicio de que alguien la esperaba de regreso en casa.  Mis perritos, Phoebe, Coco, Estrella y Dante jugaban con ella, aunque pronto se cansaban de su insistencia que no conocía límites. Yo la veía correr alrededor, casi con torpeza, como quien no sabe medir todavía la intensidad de su cariño. Al principio traté de hacerme indiferente pero con el tiempo aprendimos a esperarnos.  Hasta que un día creció y regresó al parque sin collar, como si hubieran decidido arrancarle no solo el nombre, sino el derecho de pertenecer. Era feliz aún entonces, ignorante de que sus antiguos dueños la habían soltado a su suerte y la veíamos caminar sola, pero no del todo, por el vecindario. Y aunque en ocasiones le perdíamos el rastro, siempre encontraba el modo de alcanzarnos. Fue entonces que empezamos a dejar un po...